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El hombre orquesta

Repasando las últimas entradas compruebo  que hemos hablado mucho  de personajes extraordinarios. Vemos ejemplos de exploradores solitarios, viajeras octogenarias y corredoras con sandalias. La entrada de la semana  pasada por cierto,  suscitó muchos comentarios y mensajes  interesantes. Os agradezco  enormemente  el interés por las historias  que os cuento  aquí y  las opiniones que dais, me complementan la visión de la idea que  trabajamos  cada semana.

Hoy  vamos a dejar atrás los super héroes por una semana y os voy a contar una situación  que me ocurrió en uno de mis últimos vuelos.

Soy poco amigo  de las aglomeraciones de gente y del ruido. Por esa razón,  siempre que vuelo en el Airbus 380, además de ponerme los BOSE  maxi  ultra  noise reduction,  elijo las últimas filas que suelen estar más vacías, con  menos críos, sin   despedidas de soltero y más libres de gente danzando de un lado a otro.

En esta ocasión no fue así y debido a mi falta de planificación del viaje,  me asignaron una fila delantera.  Aquí empieza la historia.

Una vez en mi asiento, se sentaron  a mi lado dos tipos trajeados. Lo primero que hicieron, los dos a la vez,  es sacar el ordenador rítmicamente. Me pareció  como una especie de tic,  plantando  frente a ellos dos excels descomunales. Durante los siguientes treinta minutos y antes de despegar,  estuvieron trabajando, hablando entre ellos,  respondiendo llamadas de diverso tipo, incluida  una de la que percibí era de una de las mujeres,  informándole de las notas de alguno de sus  hijos, pidieron un gin tonic y comentaron el culazo de la azafata, todo a la vez y sin parar. Ante este panorama, yo estaba  ya suficientemente  harto antes del despegue y determinado a cambiar de asiento una vez en el aire.

A los 5 minutos de despegar, volvieron  a abrir sincronizadamente los ordenadores y volvieron  a su excel mastodóntico,  a la vez que intentaban chupar el wi-fi de abordo, llamaban  a la azafata para pedirle explicaciones de porqué no funcionaba, preguntándole d de paso cuando pasaban el almuerzo.

Os confieso que me identifiqué completamente con estos dos  buenos hombres en alguna época pasada de mi vida.Ninguno  estamos libres de caer en esta trampa, y probablemente hasta sea necesario pasar por ella ¿Qué sentido tenía este nivel de  stress con 8 horas de vuelo por delante encerrados en un avión? Me decidí a tocar un poco las narices y les pregunté  “qué, liadillos eh!” Entonces vino una respuesta magnifica   “Sabes que pasa, que  mi curro tiene  mucha presión tío, tenemos un tema  urgente”  Estuve a punto de responderle ¿Qué es aquello tan urgente? ¿qué significa  para ti urgente? ¿Una hora, un día, una semana? Pensé que no me iba a hacer mucho caso si le hablaba un poco de mi visión sobre estos asuntos. Como me esperaban 8 horas insoportables,  le pedí a la azafata que me cambiara de asiento y me fui para atrás.

Una de las ventajas  de viajar  en avión es que te permite distancia física y mental sobre lo que sucede en la tierra. Evidentemente estos dos buenos señores no lo veían así. No estoy seguro si me fiaría  de los resultados que diera  ese Excel. No tenía foco, concentración. Su trabajo transmitía, urgencia, prisa, atolondramiento.

Nuestros dos personajes de esta semana estaban en todo y realmente no estaban  en nada. Probablemente  se darán cuenta de una forma abrupta  en forma de infarto, ansiedad, baja laboral, despido, divorcio o soledad,  de a donde  les lleva “su” urgencia.

Siempre hemos reivindicado en nuestras entradas que tenemos que atrevernos, sí, atrevernos,  a buscar  una vida integrada. Tener el equilibrio correcto entre la parte  personal y  profesional como método para ser la mejor versión de ti mismo, en la oficina, en tu  casa, de copas o  jugando al mús.

El bombardeo de información, la inmediatez, en la  que estamos envueltos, es una enfermedad terrible y   muy contagiosa. Es uno  de los males de esta época,  que alimenta la sensación de urgencia y prisa para todo. Hoy en día no hemos asimilado, saboreado,  recuperado, de  una noticia  en un lugar del mundo que a los cinco minutos nos sobresalta otra. No hay espacio para disfrutar y analizar  el presente.

La putada, es  que en este contexto que se ha creado, vivimos  más rápido,  como consecuencia vivimos menos  y  excepto para aquellos que creáis en la reencarnación en algún animal, desafortunadamente sólo tenemos una vida, una bala. Decía Carl Jung que la vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir y es cierto. Debe ser duro al hacer balance, darte cuenta que realmente has vivido de puntillas.

Termino con un ejemplo  que nos da Borja Vilaseca,  un tipo bastante gracioso al que  os recomiendo leer. Cuando  estamos en la ducha  cada mañana ¿en que pensamos? La gran mayoría seguro que diría que  en todo menos en que nos estamos duchando ¿ No os parece  que perdemos una  buena  oportunidad para no pensar en nada, simplemente  disfrutar del momento  durante  unos pocos minutos? Es tan cierto y tan gráfico.

Durante años se ha glorificado al perfil orquesta, multitask.  Yo me quedo con Eric Clapton.  Tocaba sólo la guitarra, pero como  la tocaba y como  la sentía.

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