El mundo en tus manos

Un lector del blog me preguntaba hace unos días que viaje puede regalarle a su hija que cumple 18 años estas navidades. A estas edades  generalmente interesa más  Amnesia en Ibiza que la capilla sixtina. Por tanto, pensé  que más que un lugar concreto, me parecía más adecuado, un regalo que  tuviera como objetivo inocular la curiosidad viajera, para que posteriormente decidiera por ella misma, si prefería el vestido de lentejuelas o las zapas de andar.

Coincidió que días después, estábamos disfrutando  de las agradables noches de invierno con un grupo de amigos en ese oasis levantino en Dubai que es el jardín de Raquel y Sergio.  En la tertulia posterior a la cena, planteé a mis compañeros de mantel, qué regalo podría fomentar el espíritu viajero en la juventud. Tras las sugerencias más variopintas,  de repente alguien dijo: una bola del mundo!!!

A partir de ahí nuestra imaginación empezó a trasladarse a otra época.Volvamos  a los años 70. La bola del mundo era un clásico para la primera comunión.  Azul, marrón, con luz, sin luz, con lupa, sin lupa, incluso algunas venían con una línea vertical para identificar los meridianos. En mi caso la bola de Vilches, mi compi de pupitre,  siempre fue mejor que la mía, más completa, más grande y con más detalle.

Sea como fuere, un globo terráqueo era parte del mobiliario en las habitaciones de muchos de nosotros. Además, sus aplicaciones en clase estaban claras,  dotaba  a las lecciones  de una representación gráfica y real, me explico:

En Sociales, aprendimos lo que era la traslación y la rotación. Poniendo un flexo sobre España entendimos porque era de día en Madrid cuando Sidney, estaba en plena noche. Y comprendimos visualmente Los eclipses, los solsticios y porqué en Sevilla la gente busca la sombra cuando en Finlandia están con bufanda.

En Historia, entendimos la evolución  que significó el canal de Panamá para la navegación a partir de su inauguración en 1914. Para explicarlo gráficamente el padre Jorge trazaba con su dedo índice sobre el globo terráqueo, lo que habían sido las rutas alternativas hasta su apertura. Por el norte el Paso del Noroeste, cuya conquista se llevó tantas vidas hasta que Amundsen, siempre Amundsen lo cruzó en 1909. Por el sur el cabo de Hornos y el temible paso de Drake. Además, con una bola del mundo trazamos las rutas de Elcano, Hernán Cortes, Pizarro, Cook o Darwin.

Islas Aleutianas

En Geografía, aprendimos la diferencia entre meridiano y paralelo, entre longitud y latitud. Entendimos la forma de los continentes como un auténtico puzzle con los que el planeta tierra toma su forma. Situamos nombres tan raros como Antananarivo, Ulan Bator o  las Islas Aleutianas. Nos explicaron lo que es la línea ortodrómica, razón por la  ruta más corta para viajar en avión de Madrid a Nueva York sea sobrevolando Groenlandia y no porque el piloto se haya vuelto loco.

Fuera del entorno académico, siempre había algún motivo para volver a señalar algún lugar en la bola. Leyendo a Julio Verne, entendí por qué Phileas Fogg tardó 79 dias en dar la vuelta al mundo cuando pensó que había fracasado en su intento. Viajando hacia el Este había ganado un día!!!

Leyendo a Tintin situé en el globo, el Tibet, Bolivia o El Congo aunque por más que busqué no encontré ni Syldavia ni Borduria. Tampoco encontramos la isla mítica de la Atlántida que nos describe Platon en sus diálogos. Algunos ingenuamente estábamos convencidos que estaba hundida en algún lugar del Atlántico.

charles lindbergh

En mi época de adolescente cuando comenzó mi pasión por los grandes exploradores tracé las rutas de mis héroes. Visualicé la travesía de Shackleton, el vuelo del Lindbergh y las andanzas de Lord Byron.

A través de la televisión, situé los mares del comandante Costeau y con los primeros documentales sobre Africa puse en su lugar a las cataratas Victoria en Zambia, el lago Tanganica en Tanzania donde Stanley encontró al Doctor Livingstone, o el Masai Mara en Kenya donde Robert Redford y Meryl Streep nos regalaron una de las escenas aéreas más espectaculares y emotivas que se han filmado.

Aquella noche nos reímos  pensando que una bola pudiera dar tanto juego.  Os invito a que me mandéis vuestros recuerdos al pensar en una bola del mundo.

Por eso, estas navidades yo  regalaría una bola del mundo, son 25 euros, bastante menos que los videojuegos de moda y da un buen ROIC(retorno de la inversión). De tí depende que sea una lámpara que cae en el desuso y queda arrinconada o una puerta a la aventura de vivir, de imaginar y de generar inquietudes. El mundo está en tus manos, tal cual.

 

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