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El silencio de Anna

Suele ser ya una tradición  que amigos y conocidos  que pasan por Dubai en tránsito  y tienen una horas, me contactan para ver la posibilidad de vernos. Ya sea por matar las horas o porque realmente les apetece verme, estos reencuentros  suelen ser emotivos y divertidos.  De los 89 millones de pasajeros que pasarán este año  por  Dubai convirtiéndolo en  el más transitado del mundo, una gran mayoría  lo hacen como escala  a otros destinos. Uno de estos pasajeros en tránsito será Anna. Me escribió recientemente diciéndome que  pasará unas horas por Dubai  y le gustaría que nos viéramos ¿Quién es Anna?

Hace unos años andaba yo por San Martin de los Andes, un pueblo en la Patagonia argentina donde estaba realizando una microexpedición por aquella zona en  bici. La Patagonia argentina es diferente a la patagonia chilena. Esta última debido a los vientos húmedos del pacífico es más verde  y húmeda, como más Suiza. La parte argentina  es más variada. Alterna zonas  verdes con otras más secas. En cualquier caso  ambas vertientes  merecen mucho la pena, no sólo  por los paisajes, también por la sabrosa comida, la hospitalidad de sus gentes

Como decía, andaba  en San Martín  una tarde sentado en una terraza birra en mano recogiendo   en la moleskine los detalles más importantes del día, cuando observé  una señora que debía estar próxima a los  60  años sentándose en la mesa de al lado. Era delgada, fibrosa de menuda estatura y llevaba escrito en la cara soy  de Texas o por ahí cerca.  Había  dejado la bici  en la terraza del bar y se pidió un vino blanco, no dudo.

Con ese toque curioso, le pregunté acerca de la ruta que estaba haciendo en la bici. Ese fue el principio de una conversación que duró horas poniendo por medio un  buen número de cervezas y vino blanco.

A los cinco minutos de empezar a hablar soltó  SU mantra. Estaba en la Patagonia para  decidir darle una segunda oportunidad a  su lifetime love según sus palabras,  que parece ser que  se la había pegado pero bien  con otra. Me pareció realmente  emotivo   el afecto con que  una señora de madura edad  hablaba como una adolescente sobre lo mucho que quería a este señor, pero al mismo tiempo podía sentir  lo despechada que se sentía, debatiéndose  entre el clásico dilema del perdón y el olvido.

Una vez pasado el momento ex,  empezamos a hablar de todo un poco. Resultó ser californiana no de Texas  e  idolatraba a Dylan. Dylan tiene una frase para cada estado de animo y cada momento del día decía. Anna resulto ser  una mujer especial.  Es fisio, tiene una consulta cerca de Santa Monica  y vive según sus palabras en el lugar de California con menos ruido.

Anna, Es una activista de una asociación que pretende concienciar acerca de  mundo sin contaminación acústica. Recuerdo que aquella noche cuando el inglés ya salía fluido después de un par de cervezas  Breway me apabulló con datos de  la OMS. Resumiendo,  la contaminación acústica  es la segunda causa de propagación de enfermedades ambientales tras la de origen atmosférico.

Cada día nos acostumbramos a vivir con  más y más decibelios. A lo ya sabido que España es el segundo país más ruidoso del mundo, se añade que el 70% de los españoles vive por encima del umbral de los 65 DB considerado por la OMS el máximo para estar en riesgo de contraer enfermedades

La consecuencia  de esta forma de vivir,  es que luego te encuentras situaciones como las de mi reciente viaje a Islandia, donde un grupo de españoles contemplando la majestuosidad de la catarata Skogaffoss, se alzaban por encima del resto gritando gilipolleces.  Creo que hay una concepción muy extendida entre los españoles, según la cual, cuanto más alto hablamos, cuanto más alto nos reímos, cuanto más escandalosos somos,  en lugares que no toca, indicamos que mejor nos lo estamos pasando. Lo he comprobado en mis microexpediciones que es un mecanismo  automático muy extendido entre nosotros.

Paralelamente,recientemente me mandaba un lector del blog un enlace acerca de los cazadores de biofonías. Las biofonías son grabaciones sobre  lo que se escucha en la naturaleza. Me llamó la atención su comentario acerca de la dificultad creciente de encontrar espacios libres de la influencia del ruido.

Voy terminando.  El último de la fila decía en una canción “Si lo que vas a decir no es mas bello que el silencio, no lo vayas a decir, que hable el mundo y calle el hombre, calle el hombre y vuélvase a callar”. El ruido no es nada más que ruido. No dice nada, no expresa nada, no aporta nada.

En unas semanas veré a Anna, me hablará bajito y despacio pero me hablará con garra.

 

 

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