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Japon (I). Entre los tamagochis y el incienso.

Hasta el viaje más largo comienza con un solo paso. Proverbio japones

Tras unas semanas sin parar, admirando lugares que no conocía, hablando con personas, digamos  peculiares y  anotando  lo que veía  y escuchaba en la moleskine, tengo muchas cosas que me gustaría contaros. Probablemente, todas se resumirían en que  el mundo está para ser explorado y disfrutar de lo mucho que nos ofrece. Tras poner en orden mis notas, empiezo con la entrada de hoy una trilogía sobre Japón.

Si hay  algo que defina a Japón es que es auténtico, original, no tiene replica posible y por tanto como minimo no deja indiferente. Al mismo tiempo es un país de contrastes. Andando por cualquier  avenida, uno se puede encontrar con una tienda que ofrece el ultimo tamagochi  y unos metros más adelante toparse  con un pequeño monasterio budista.

Permitidme un par de consideraciones  previas a la hora de organizar vuestro viaje a Japón. La primera es que en  Japón no se habla ingles, quiero decir nada, nothing. Más allá  de un porcentaje reducido de personas involucradas directamente con el turismo en la ciudad de Tokyo, Japón brinda una buena oportunidad para  desarrollar las habilidades de la comunicación por signos. Los restaurantes  para los guiris,  tienen fotos  de la comida que ofrecen y por tanto  pides los platos que mejor te entran por la vista y nunca mejor dicho. No solamente no se habla ingles, sino que todo está escrito en japonés, por tanto cuando entras en una tienda, no tienes ni la más remota idea si es un super o una ferretería y si compras un paquete de chicles o paracetamol.

La segunda  consideración, está relacionada con el presupuesto. En general Japón es caro, ya vayas de mochilero o de señorito y muy especialmente el alojamiento. Un occidental residiendo en Tokyo me comentaba  que pagaba 50 euros al mes por el parking de su casa, pero no para su coche sino…..para su bicicleta. Pagar más en general no garantiza una habitación de hotel más grande.

Entrando en materia, en esta primera entrada os hablare de Kyoto, ciudad imprescindible y en mi opinión dentro de un concepto openfield de la vida, debería ser prioritaria al visitar Japón porque compagina naturaleza, espiritualidad y ambiente en sus calles.

Lo más significativo de Kyoto es que la ciudad está rodeada de montañas que alojan decenas de monasterios budistas de diferentes tamaños. Todos los templos tienen un denominador común, unos jardines  de cuento. Los monjes los cuidan al detalle, incluso  se pueden ver a jardineros  cortando el césped con pinzas pequeñas, quitando las diminutas malas hierbas haciendo que te sientas en un paisaje de cuento, con una sensacion de buen rollo tremenda.

Siendo más concretos, En Kyoto es imprescindible:

  • El templo dorado Kinkakuji, patrimonio de la humanidad  y visita obligada. 
  • El templo de las mil puertas. Inari Taisha. Desde las épocas más antiguas de Japón, Inari era vista como patrona de los negocios. Cada Torii(puerta) existente en el santuario ha sido donado por algún hombre de negocios japonés. Los comerciantes y artesanos ofrecían culto a Inari a cambio de obtener riqueza en sus negocios, por lo que donaban numerosos torii que actualmente forman parte de la vista panorámica del templo. De este famoso templo se dice que posee más de 32.000 pequeños santuarios.
  • Philosophers path, dos kilómetros de camino a lo largo de un río jalonado de cerezos. Estos dos kilómetros de ríos, cerezos en flor y  pequeños puentes,  te elevan unos centímetros del suelo afianzando  mi forma de ver el mundo, que pone a la naturaleza como referencia, alimento, medicina y sustento.
  • Una vez hemos visto los principales monasterios, podemos perdernos por Bamboo Forest, un bosque majestuoso y mágico con cientos de bambús, donde muchas parejas japonesas se comprometen en matrimonio.
  • Como todo en la vida no es monte y reflexión, al llegar la tarde os recomiendo Gion District. Además de tener la oportunidad  de ver  salir alguna geisha en las casas  que todavía existen para su formación, podéis dar una vuelta por los chiringuitos que venden todo tipo de pinchos de comida o entrar en los restaurantes de la zona.

En Japón se come de maravilla, por no utilizar una expresión más coloquial  que realmente reflejaría el concepto que os quiero transmitir . Lo que nosotros entendemos por comida japonesa es solo un porcentaje pequeño de la oferta culinaria que este país ofrece.  Para los bolsillos más pudientes os recomiendo probar la carne de ternera de Kobe (preparar la cartera). Me dice una estudiante en el restaurante que estas vacasa se alimentan entre otras cosas de cerveza, les hacen masajes y para que no se musculen puesto que endurecería la carne,  no les dejan moverse. Merece la pena la experiencia incluso para los que no nos gusta mucho la carne.

Llegados a este punto es importante decir que hay dos épocas para visitar Japon, primavera durante el sakura/cherry blossom/ floración de los cerezos o en otoño. Yo me decanté por primavera. El bofetón de vida que te da ver Japon en primavera es difícil de explicar. Hay cerezos en flor por todos los sitios, en los parques, en las avenidas de las ciudades, en los restaurantes. en cualquier esquina. En mi instagram podéis ver un vídeo que hice una mañana en Tokyo.Os dejo en enlace.  https://www.instagram.com/p/BSoZHx9Fkcr/?taken-by=fernandoval11

Ver este tipo de cosas que te envuelven,   me hacen pensar que tenemos la obligacion que nuestras futuras generaciones tengan la oportunidad de disfrutar  de la naturaleza, en este caso del milagro del Sakura como lo hacemos nosotros hoy. Ese es el objetivo de la expedición dos grados, con la que partiré de Punta Arenas rumbo al polo sur el próximo 7 de diciembre; concienciar a todos que no está garantizado que nuestros nietos puedan admirar lo que nosotros hacemos hoy.

Japón también me ha servido para profundizar un poco más en el conocimiento del budismo, que ya inicié en el viaje a Sri Lanka. No es objeto de este blog ahondar en estos asuntos, pero me parece conveniente aclarar que el budismo es una filosofía y no una religión. Esta forma de entender la existemcia, está muy presente en la vida  y el carácter del  pueblo japonés, haciéndolos sumamente educados, pacientes  y serviciales. Leo que el mundo occidental ha adaptado esta filosofía  a traves de todo lo  zen, minimalista y ultimamente  a través del  “mindfullness”, nombre que  ya me perdonaréis, pero me parece un poco cursi.

Dandole vueltas a este tema del mindfulness en un bareto de Kyoto, con una  Sapporo en mano, pensaba lo siguiente; cuando yo era pequeño y volvía del colegio, hacía varias cosas a la vez, veía barrio sésamo, hacía los deberes y merendaba el bocata de chorizo de pamplona. Mi madre con muy buen criterio me decía “hijo mío, una cosa detrás de otra”  Bien, eso es el mindfullness, o sea vivir el momento presente de forma consciente para aprovecharlo plenamente.  Ahora resulta que mi madre,  sin saberlo, era budista y ya practicaba el mindfullness hace 40 años, una adelantada a su tiempo o mucho más sencillo, como  aplicar el sentido común a la vida diaria.

Termino este primer capítulo sobre Japón. Me queda hablaros de los parques nacionales, del monte Fuji, de Tokyo, de los japoneses y del tren bala!!! Los contrastes tan marcados de este gran país son lo que lo hacen fascinante.  Os espero la semana que viene

 

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Comments

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    • José Antonio
    • 27 abril, 2017
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    Fernando. Deja la aviación y dedicate a escribir. Perderíamos un piloto pero ganaríamos un gran escritor. Animate a dar el paso.

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