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Mis días en Alejandría

Vengo de pasar unos días  de trabajo con  los entusiastas equipos de  Egipto y Jordania. Gente joven con ganas de hacer cosas grandes en el área geográfica MENA (Middle East and North Africa). Con estas dos compañías del grupo, nos estamos haciendo meritoriamente  un hueco  y creciendo sólidamente  en una zona cuya situación  geopolítica a nadie se le escapa es compleja.

Os hago esta introducción para establecer el contexto de esta entrada. Lo primero que me encuentro antes de viajar a Alejandría es una recomendación muy seria en la página del Ministerio de AA.EE de España,  de no viajar a  Egipto. Tras hacer varias consultas, la entiendo como una información  legal de una organización oficial, por decirlo de una forma correcta. Esta misma advertencia sigue presente en un país muy especial para mí  que es Nepal.(ver mi viaje a Nepal) Mi pregunta sería si esta es la forma de ayudar a unos países que necesitan el turismo para salir adelante.

Alejandría fue fundada por Alejandro Magno tras la conquista de Egipto allá por el 300 AC.Rapidamente,ee convirtió en un lugar de comercio de primera magnitud pero también ciudad donde recalaron muchos pensadores y científicos griegos. Consecuencia de ello fue la construcción de la biblioteca alejandrina que llegó a tener cerca de 1 millón de manuscritos que gran parte  de ellos se quemaron tras el incendio en la época romana. 1600 años después un proyecto común de varios países y coordinados por la UNESCO, construyó el actual edificio que es patrimonio de la humanidad.

El faro de Alejandría fue otro símbolo de la ciudad.  Se construyó en el 300 AC para perpetuar el poderío de la ciudad. Durante siglos fue uno de los edificios más altos de mundo y una de las siete maravillas del mundo, hasta que sucesivos terremotos lo destruyeron.  Actualmente existe un proyecto de reconstrucción, pero no lo busquéis porque no existe..

Con cierta tristeza os confieso que no vi prácticamente europeos en estos días paseando por la ciudad.  Lo que también  os puedo decir es que Alejandría tiene más vigilancia policial que muchas ciudades europeas tanto en las calles como en  las carreteras y en los establecimientos públicos. En Alejandría podéis correr al atardecer por el Corniche, una experiencia única además de segura. También podéis entrar en la majestuosa biblioteca alejandrina, oler a libro, a incunable. Entrar en la biblioteca te transporta a la época de Alejandro Magno, a los exploradores del XIX,  a la segunda guerra mundial.

Lo que vi en las calles de Alejandría fue una ciudad con una historia que embriaga, y que  se resiste a perder su aristocracia del pasado. En Alejandría  sus gentes quieren progresar,  mirar al futuro, disfrutar de un buen plato del magnífico  pescado que da el Mediterráneo en esa zona, de  pasear por la playa,  de tomar un café egipcio que dispara la tensión solucionando  el mundo en las innumerables terrazas que plácidamente salen por cada esquina, en definitiva, no quieren nada diferente a lo que aspiramos la mayoría de los mortales.

Creo que vivimos rodeados de informaciones  incompletas o parciales que condicionan nuestra visión de lo que realmente pasa.  Cuando aterricé en Alejandría tenía cierto respeto a lo que me encontraría, cuando  varios días después despegue hacia mi siguiente etapa, Amman, lo hice con la sensación de haber vivido con mayúsculas.

Hasta la  semana que viene.  Dentro de la colección (ver cuentos desde oriente) Hablaremos  de un personaje interesantísimo, un explorador que anduvo por Jordania en el siglo XIX, un  openfield con mayúsculas

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