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Una carta desde Alejandría

06:15 de la mañana en la terraza del hotel de Alejandría, Egipto.  En mis años viajando por Asia Central y Oriente Medio he comprobado que en esta parte del mundo, la vida empieza muy pronto. Dos razones pueden justificar en cierta manera este hecho. Por un lado, que  amanece alrededor de las 5 de la mañana.Por  otro, que  el primer rezo está establecido sobre esta hora, haciendo que desde muy pronto la actividad en estos países sea frenética.

Egipto es un país extraordinario en todos los sentidos. Su historia, su luz, sus monumentos, el Nilo, su gastronomía entre otras muchas cosas hacen que sea un destino turístico extraordiario. La realidad es que no lo es en este momento. Esta situación me produce una profunda tristeza. Cuando vives un país más allá de la lejanía que transmiten las noticias de la tele y conoces el día a día de Ahmed, Wael o Gamal, a poco que empatices con ellos te invade una  sensación de frustración. La inflación de este país se sitúa alrededor del 30% anual y los problemas de seguridad han hecho que desde 2010 el turismo haya caído un 70%.

Como insistí en alguna entrada, mi consejo es aprovechar ahora que no está abarrotado de turistas y es barato. Os recomiendo visitar uno de los lugares más mágicos de la tierra. El gobierno egipcio a través de un programa nacional ha invertido una gran cantidad de recursos en mejorar la seguridad de los aeropuertos, monumentos, hoteles y ciudades. Mi experiencia personal tras  tres cordones de acceso a los aeropuertos y ver policías y ejército desplegados  en las calles  y hoteles, es que es tan seguro o tan inseguro como París, Londres o Barcelona por ejemplo.

Volviendo a la terraza y a las 6 de la mañana…..Uno de los aspectos positivos de ser del club de las 6 de la mañana en España es que a esas horas las ciudades están medio dormidas y te permite empezar el día rodeado de silencio. Los más asiduos openfields sabéis que el silencio es un tema recurrente en este blog. Precisamente de silencio habla el libro que está semana  me recomendó un lector. “el silencio en la era del ruido” de Erlin Kagge. Este buen hombre se convirtió allá por los años 90 en la primera persona en hacer los tres polos, es decir, polo norte, polo sur y Everest. Os lo recomiendo a todos es sencillo y muy agradable de leer.

En una de las páginas nos habla acerca de la capacidad de maravillarse. Cito textualmente:

“Yo me maravillo a menudo. Cuando  leo, cuando viajo, cuando escribo, cuando conozco gente y cuando veo el sol en el cielo. La capacidad de maravillarse es una de las fuerzas más potentes con las que contamos al nacer”

Nuestro  aventurero de hoy tiene toda la razón. Fijaros que habla de la capacidad de maravillarse, no el hecho en sí de maravillarnos.La diferencia  está en la actitud. . Cuando llegas a Petra tras un par de kilómetros por el desfiladero, tienes dos opciones, decir ya he llegado, no es para tanto, joder que calor hace o maravillarte ante algo único y sobrecogedor que hizo el hombre hace miles de años. Cuando ves que está amaneciendo en tu pueblo de vacaciones puedes bajar más la persiana para que no te moleste el sol o saltar y contemplar ese pequeño milagro cotidiano que es un nuevo día.

Mirar la vida con los ojos de un niño, tener la capacidad de maravillarse es una actitud que me parece recomendable. Eso nos permitirá disfrutar  de Petra,  Bali o las pirámides de Egipto, pero  también  de un olor a café recién hecho, una sonrisa inesperada de un desconocid@, el viento en la cara o lo cojonudamente que  ese está en una terraza de la barceloneta. Hasta la semana que viene.

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