004561cd00000258-3273843-image-a-10_1444916268211

Una historia de espías

Hace unos meses hice un ejercicio de team building donde hacíamos repaso a las  instituciones que más han marcado nuestra vida. En mi caso han sido cuatro; mi familia, los scouts, el ejercito y el IESE. Dándole una vuelta, veo que el  común denominador que define a estas cuatro instituciones son  los valores, diferentes, pero valores. Mi familia, como muchas familias de mi época,  representa la cultura del esfuerzo, los scouts el espíritu de servir a los demás, el ejercito la  lealtad  y el IESE  como mejorar las organizaciones y la  sociedad  a través de un liderazgo integral.

Esto viene a cuento, porque esta semana volví a ver el puente de los espías. Esta peli de 2015 de Spielberg se desarrolla en  Berlín durante la guerra fría. Un  abogado americano tiene que defender a un preso soviético acusado de espionaje y se traslada a Berlin para negociar su intercambio con un piloto americano abatido por la antigua URSS.  La peli puede gustar más o menos, pero lo verdaderamente llamativo es el personaje creado por los hermanos Coen representado por Tom Hanks.

En una sociedad donde tenemos multitud de ejemplos de la famosa frase de Groucho “estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros” Donovan representa el super héroe cuya fuerza no radica en los puños fuera de Mazinger,  ni en  la red de spiderman, ni en la capa  de superman, sino en la fuerza apabullante de la integridad ética, el ideal kantiano.

Porque no hay más Donovan? Donde fallan  esas buenas intenciones? Qué hace que nos desviemos de nuestros principios? Tras investigar un poco parece que la clave está en que nos miramos demasiado el ombligo, pensamos demasiado en el yo , mi , me conmigo. Y lo hacemos en forma de ambiciones personales, priorizando el  reconocimiento social o buscando  placeres efímeros. Gandhi decía que hay suficiente en el mundo para satisfacer a todos los hombres pero no suficiente para satisfacer su codicia”.

El mundo esta falto de  ejemplos de generosidad  que implica valentía. Necesitamos una nueva generación de  Mandelas, Roosvelts, Luther King, Disneys, donde la autoridad de sus valores inspire a países y organizaciones y ponga en evidencia los clamorosos casos de mediocridad que vemos todos los días.

Os dejo con la escena que me parece que representa de una forma más relevante esta idea, “the rule book”.

Previous Post Next Post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *